martes, mayo 01, 2007

MATANDO A CHAVEZ

Por Gustavo Bolívar Moreno .

"La única manera de librarnos de esta pesadilla que estamos viviendo es matando a Chávez y Chávez no es fácil de asesinar. Tiene en el bolsillo a todas las fuerzas armadas y sus anillos de seguridad son impenetrables. Por eso hay que matarlo desde lejos, con un francotirador apostado en la ventana de un edificio, como sucedió con Kennedy". El comentario vino de un hombre que venía caminando con su esposa por la tercera planta del centro comercial Sambil en Caracas . El señor, como de unos sesenta años, bien vestido, bien hablado y bien culto él, se me acercó con su mujer y entre los dos me hablaron en voz baja:
–Señor Bolívar, yo lo vi. anoche por televisión y noté cómo el conductor del programa trató de callarlo –apuntó el hombre. (Se refería a un gesto de desconcierto que hice al aire cuando estaba hablando de la censura que le habían aplicado a la serie Sin tetas no hay paraíso y el conductor del programa me hizo señas para que no fuera a decir lo que al presidente Chávez no le gusta escuchar).
Yo acepté ante el hombre que eso sí había sucedido pero le expliqué que el presentador no lo hizo porque estuviera en desacuerdo con lo que yo estaba diciendo, sino porque sintió temor de que su canal corriera la misma suerte que la RCTV. Y así fue. Y así es. Los Canales de televisión Venezolanos están mordiendo, todos, el anzuelo de la autocensura temerosos de que sus licencias no sean prorrogadas como le sucedió a RCTV. Luego, la jugada de Chávez es una jugada maestra pues eliminó de un tajo a su principal opositor y les lanzó a los demás medios, un mensaje subliminal terrorífico, que es el mismo que utilizan los dictadores: El que no está conmigo, está contra mí y puede desaparecer. Lo sentí en cada entrevista. El caso contrario me sucedió dentro de un taxi cuando le pregunté a su conductor por lo que él percibía del gobierno de Chávez.
–Ese es un hombre con pantalones que no le ha temblado la mano para poner en su lugar a los ricos de este país y al presidente de los Estados Unidos. Es un varón y nosotros lo apoyamos porque está haciendo por el pueblo, todo lo que los anteriores presidentes no hicieron por andarse robando los bolívares. Acto seguido, el hombre me enumeró una serie de obras sociales que ha realizado "El gobierno bolivariano de Hugo Chávez y me llegó a insinuar, cuando llegamos al tema, que si a él le pasaba algo, el pueblo se iba a la guerra civil.
Estos dos comentarios, aunque aislados, representan, hoy por hoy, el pensamiento polarizado de los venezolanos que están sentados sobre una bomba de Tiempo. La mitad de sus habitantes vive, come, trabaja y hasta duerme pensando la manera más creativa de matar a Chávez, porque saben que él jamás se irá del poder. La otra mitad, que sabe lo que la otra mitad piensa, construye ideas sobre la manera de incendiarlo todo si a Chávez le sucede algo. Futuro oscuro para una nación saber que si su gobernante sigue acelerando su revolución socialista la economía se va al suelo pero que si ese gobernante muere, todo será peor.

OPOSICIÓN RESIGNADA

Pero el problema más grande que tiene Venezuela hoy en día no es la polarización, ni el estado de guerra mental, ni Chávez con sus medidas dictatoriales, ni la censura de prensa, ni la catastrófica desaparición de la separación de poderes tan imprescindible para una democracia, ni la inflación del 17% en el 2006 y de 2% en enero de 2007, ni el fantasma del fraude electoral, ni la amenaza sobre las normas internacionales sobre la propiedad privada, ni la devaluación del Bolívar, ni el dólar negro a 5.000 bolívares, ni las 68 muertes por cada 100 mil habitantes (una de las más altas de Latinoamérica) , ni la inminente y cercana masificación del auto eléctrico, ni el anuncio de Bush de reducir en un 20% el consumo de gasolina durante los próximos 5 años y ni siquiera el anuncio de Chávez de impartir educación socialista en las escuelas con 20.000 maestros importados de Cuba, ni la mala percepción de seguridad entre las gentes lo que les impide caminar por las calles, ni la fuga de capitales, ni la fuga de cerebros, ni el secuestro de ganaderos en la frontera por parte de paramilitares y guerrilleros colombianos, ni la amenaza latente de una nación poderosa y ofendida como los Estados Unidos. No. El principalísimo problema de Venezuela es que la oposición se cansó. Bajó los brazos, se resignó. Y sin oposición no puede funcionar bien, ni siquiera un buen gobierno, si fuera el caso. Porque independientemente de la buena o mala gestión de su Presidente, cosa que no podría entrar a calificar porque no vivo allá, Chávez necesita de la oposición para legitimar sus actos de gobierno.
Pero al parecer él ve las cosas de distinto modo y ha hecho todo lo posible por desgastar la oposición y a fe que lo ha conseguido. No de otro modo el Congreso Venezolano pudo votar a su favor, y sin ningún tipo de contrapeso, la llamada "Ley Habilitante" que le permite al Presidente Chávez dictar decretos, con "rango, valor y fuerza de ley", durante 18 meses para "profundizar la revolución bolivariana y avanzar hacia la construcción del socialismo".
¿Pero cómo logró Chávez enfriar a sus opositores? Fácil. Controlando el flujo de divisas para que sus empresas colapsaran, amenazando con expropiar cualquier sector de la economía que no comulgara con sus medidas, disparando durante las manifestaciones para amedrentar a sus contradictores, imponiendo multas a columnistas, incluso de humor como le sucedió a Laureano Márquez del diario Tal Cual de Teodoro Petkoff; negándose a prorrogar el contrato al canal RCTV y, sobre todo, porque pudo sortear, durante dos meses y medio la paralización que de la economía hicieron los sectores productivos enemigos de su régimen. Chávez no tuvo problemas en esperar, con paciencia de héroe, a que los gestores de la huelga general de que se prolongó por 62 días hasta el 3 de febrero de 2003, se cansaran de protestar y de perder dinero en sus empresas hasta claudicar levantando el paro por su propia decisión aunque sin un anuncio oficial.

Desde entonces, Chávez gobierna a sus anchas, con un sector de la prensa arrodillado y el otro amedrentado; los líderes empresariales y de la oposición pensando en emigrar junto con sus capitales; enlazando las cadenas de televisión, por horas, cada que se le antoja; agrandando el estado a niveles peligrosos de burocracia, con la creación de nuevas empresas o la nacionalización de otras; sin parlamento hasta mediados del 2008; con la justicia en su bolsillo y con las arcas llenas de petrodólares para sacar avante un proyecto de socialismo que ha fracasado en todas las latitudes del orbe. Un sistema de gobierno que prescinde de la democracia y del capitalismo aunque recurra a ellos para sostenerse en el poder. Y así debe ser porque socialismo sin dictadura no existe. El dictador es al socialismo como el pueblo a la democracia. Uno sin el otro no es posible. Y se impregnan tanto sus súbditos y seguidores de su afán por controlarlo todo, que incluso el gobernador del Estado Carabobo, Luís Acosta Carlez, intentó intervenir la junta de socios del equipo de béisbol Navegantes del Magallanes, y el alcalde de Caracas, Juan Barreto expropió dos campos de golf en la ciudad con la aparente intención de construir en esos terrenos viviendas de interés social. En el primer caso Chávez salió a desautorizar al gobernador, lo que demuestra su sagacidad al no involucrarse con la fanaticada de un club insignia del deporte nacional y, en el segundo caso, apoyó las medidas del alcalde.
El panorama venezolano no es el mejor. Hablé con personas que odian a Chávez y también lo hice con quienes lo adoran. Los integrantes del primer grupo que representa a la mitad de los venezolanos no quiere luchar más porque saben que a Chávez no lo trasnochan las huelgas ni las manifestaciones multitudinarias en su contra. Sienten que luchar no tiene sentido y por eso prefieren pensar en un término que se está masificando y al que muchos denominan plan B. Consiste el famoso plan B en tener bajo el brazo una alternativa rápida para salir del país con sus capitales.
Tienen un problema y es que no encuentran la manera fácil de realizar sus propiedades y convertirlas en dólares pues saben que el Bolívar es una moneda devaluada que les haría perder la mitad de sus fortunas. La otra alternativa es la lucha armada pero la sociedad Venezolana no tiene ese espíritu beligerante y violento que existe en otras naciones del mundo como la nuestra. Afortunadamente el venezolano no tiene enquistada en su corazón la palabra guerra. Uno no se imagina a un venezolano tomando en sus manos un fusil para derrocar a un gobernante. Punto a favor.
Los integrantes del segundo grupo, los que aman a Chávez están felices. Sienten que por fin alguien representa sus intereses y reivindicaciones sociales. Ven en su presidente al hombre que los respalda y les está consiguiendo un lugar digno en una sociedad que antes los miraba de soslayo. Ellos ni están pensando en salir del país ni tienen con qué hacerlo pues, a pesar de todo lo que se habla, los pobres de Venezuela siguen siendo pobres. Sobre todo porque Chávez no les está enseñando a pescar, tal vez no le convenga, sino porque les está regalando el pescado. Aunque no todos caben en el esquema burocrático que ha convertido en nuevos ricos a cerca de 500 mil venezolanos, la mayoría goza de mejores salarios y mayores prestaciones sociales y mejoras en los sistemas de salud y de educación.

REVOLUCIÓN SIN AGRESIÓN
Lo que no saben los venezolanos pobres sometidos por décadas al saqueo de sus clases dirigentes, es que todas las acciones sociales de la llamada "revolución bolivariana" juntas no alcanzan a representar para los pobres de ese país, ni la mitad de lo que han logrado los pobres de Bogotá durante las alcaldías de Antanas Mockus, Enrique Peñalosa y Lucho Garzón. El primero, un hombre de centro que le apostó a la educación, la cultura y el orden, el segundo un hombre de derecha que le apostó a la infraestructura y el tercero un hombre de izquierda moderada que le apostó a la educación y al desorden. Ninguno de los tres tuvo que recurrir a la cacareada palabra "revolución" para ejecutar gigantescos planes de gasto social y mucho menos atropellar a los ricos de la ciudad para llevar a cabo sus proyectos.
Por el contrario, los ricos, han respondido con solidaridad a estos ambiciosos planes educativos y culturales. Por ejemplo, Julio Mario Santodomingo acaba de regalar 10 millones de dólares para educar en la mejor universidad del país a los niños aventajados de sectores populares. Ardila Lule construye clínicas, Shakira construye escuelas, Fernando Botero, padre, regala obras del arte universal y las suyas propias a museos y parques de Bogotá y Medellín. Luís Carlos Sarmiento construye polideportivos y apoya varias obras sociales y el Sindicato Antioqueño y la Fundación Social apoyan las microempresas. Algunos dirán que es muy poco para las fortunas que poseen pero "algo es algo peor es nada" como decían nuestras abuelas. Otros ricos no dan nada.
Esto demuestra que los poderosos, manejados con inteligencia son más útiles que cuando se manejan a las patadas como lo está haciendo Chávez en Venezuela . Los ricos, detestables, tacaños, generosos, ventajosos o queridos, siempre existirán. Y no se puede arremeter sobre sus capitales y propiedades con un cambio de reglas de juego elaborado sobre la marcha. Si se quieren subsanar las inequidades sociales, que evidentemente existen, se debe recurrir a medidas que empiecen a funcionar "a partir de". Porque muchos no son culpables de sus fortunas. Algunos las han heredado, otros las han conseguido con mucho esfuerzo y otros con mucha suerte y astucia. No faltará el que se haya enriquecido con dineros mal habidos provenientes del estado o del negocio de la droga pero para eso está la justicia y no todos se pueden medir con el mismo rasero. Esto es lo que no ha entendido Hugo Chávez sobre la propiedad privada y su obstinación por estigmatizar a los ricos lo puede llevar al fracaso de su revolución socialista. A los ricos no se les debe combatir, se les debe utilizar y crear en ellos una conciencia social. Con solo decirles que para gastar todo el dinero que tienen no les serán suficientes dos mil años, ellos empezarán a mirar a los pobres y a lavar sus conciencias, próximas al ocaso, entregando una parte de lo que tienen.

Así las cosas, la Venezuela inconforme se enfrenta por estos días a un dilema difícil. Seguir con los brazos caídos y dejar que Chávez, gobierne, legisle, imparta justicia, eduque a sus hijos bajo el esquema revolucionario, y maneje el presupuesto de la nación con auditores amigos o volver a levantar la frente, llenarse de nuevos bríos y conquistar el lugar que le corresponde a la oposición de cualquier nación decente del mundo.
Pero ese respeto que se requiere para ser tenido en cuenta como una fuerza opositora no se logra cantando joropo con letras ridículas en los programas de televisión mañaneros, ni agrediendo al gobernante, ni tratándolo de payaso. La oposición se gana un lugar y un respeto entre la gente y entre el mismo gobierno con propuestas. Gobernando en la sombra. Uniendo los capitales de los ricos y haciendo obras sociales en aquellos lugares a los que el estado no ha llegado. Investigando con seriedad. Protestando con respeto, paz y obstinación como lo hizo Gandhi. Haciendo propuestas objetivas. Alabando con honestidad y desprendimiento las cosas buenas que hace el gobierno, porque las hace.
Fortaleciendo la democracia con foros donde se estudien reformas urgentes, como la electoral, por ejemplo. Estudiando al contradictor, desnudando sus falencias y debilidades. Encomendando el liderazgo a personajes con talla de estadistas, muy carismáticos como no lo fue el candidato Rosales durante la última campaña y con mucha credibilidad, algo de lo que pocos miembros de la oposición gozan por el sectarismo, el odio y la subjetividad como enfrentan a diario a su contendor. Pero lo más importante: Preparándose para gobernar cuando le llegue el turno porque, como reza el adagio, no hay rey que dure cien años ni pueblo que lo resista. Que no les vuelva a suceder lo que el 13 y 14 de abril de 2002 cuando, después de derrocar a Chávez, impusieron como presidente a una persona que no estaba preparada para gobernar a una nación amenazada por el estallido de una guerra civil.
El remedio resultó más malo que la enfermedad y Pedro Carmona intentó disolver el parlamento, el tribunal de justicia, la fiscalía, la defensoría del pueblo y se adjudicó poderes extraordinarios para legislar, por lo que varios sectores, entre ellos algunos militares golpistas y otros de la misma oposición, consideraron que las cosas iban a empeorar y prefirieron abortar la intentona. Luego , la aventura duró apenas unas horas y Chávez recibió en bandeja de plata la oportunidad de regresar de la Isla La Orchila donde estuvo detenido por algunos miembros de las fuerzas armadas.
Por eso, si lo que quieren sus opositores, por el cansancio que les produce seguir luchando, es matar a Chávez, deben saber que a Chávez no se le mata con un rifle de mira telescópica y largo alcance, entre otras cosas, algo indebido y sucio. A Chávez se le mata con argumentos, ideas y un tesonero, incansable, sano y buen ejercicio de la resistencia civil. Y lo tienen que empezar a hacer ya o tendrán que acostumbrarse a convivir con su exótica, ruinosa y altanera manera de gobernar, porque si de algo han de servirle las facultades otorgadas por la "Ley habilitante" es para elevar a rango constitucional la reelección inmediata y vitalicia de los presidentes, es decir su perpetuación en el poder.
Sin democracia no hay libertad, sin libertad no hay felicidad y sin felicidad no hay paraíso. Resistencia Civil y pacífica.

Percepciones de mi viaje a Caracas en el mes de febrero de 2007.
Gustavo Bolívar Moreno .
Escritor colombiano.